Cómo conseguir que tu hijo/a sea ordenado

Según la famosa educadora y científica María Montessori, los niños atraviesan durante sus primeros años de vida un periodo sensible hacia el orden. Si queremos que nuestro hijo sea ordenado, será más sencillo si aprovechamos esta «ventana de oportunidad».

Te recomiendo que leas, si no lo has hecho ya, el post “¿Puede el comportamiento de mi bebé verse afectado por el desorden?”, donde hablamos de esto con más detenimiento.

Te aconsejo también este post del blog PequefelicidadLos periodos sensibles del niño: cuáles son y cómo reconocerlos”, si te interesa profundizar en el tema de los periodos sensibles según la filosofía Montessori.

Aprovechar ese periodo de sensibilidad, que va desde el año hasta los 3 años (y puede alargarse aún más) es fundamental para conseguir que nuestro bebé sea una persona ordenada en el futuro. Es el mejor momento para comenzar, pues el bebé muestra un interés natural por saber dónde se ubican las cosas y cómo se relacionan entre sí.

Si tienes hijos, sobrinos o eres educador, seguro que has notado el entusiasmo del niño pequeño cuando le pedimos que nos traiga una cosa, y corre encantado a buscarla. El hecho de saber dónde está ese objeto, encontrarlo y traérnoslo es una gran conquista para él o ella. Dominar el espacio y el ambiente es una necesidad vital que desarrollan especialmente durante estos primeros años de sus vidas.

En este post hablaremos sobre cómo aprovechar este periodo, con lo que si tu hijo es más grande puede que no te sea tan útil esta información. De todos modos, hay ideas que puedes aplicar a cualquier edad.

niño orden

Consejos para lograr que tu hijo sea ordenado

Con los siguientes consejos que te proponemos no sólo facilitaremos nuestro objetivo de lograr que nuestro hijo sea ordenado, sino que sobre todo estaremos dando respuesta a esa necesidad vital que está mostrando y transitando.

1. Dale la oportunidad lo más pronto posible. Generalmente tendemos a hacérselo todo al bebé, creyendo que él no es capaz. Sin embargo, te sorprenderían enormemente si les dieses la oportunidad. Cuando ya es capaz de agarrar objetos con cierta habilidad, puedes empezar a animarle a que deje sus juguetes en su sitio, o si ya puede caminar puedes enseñarle a limpiar con un trapo un líquido derramado. No esperes a que tengan 7, 8 o más años para darles oportunidades y responsabilidades.

2. Sigue el ritmo del niño. Tampoco hay que irse al otro extremo y esperar que con un año ya recoja sus juguetes y deje todo ordenado. No le exijas más de la cuenta. Para ello es fundamental que observes si muestra interés natural por saber dónde están las cosas, o si le divierte cuando le propones algún juego del tipo “vamos a buscar/colocar algo”. No fuerces la situación y sigue el ritmo que te marca tu hijo/a. Proponle, pero no le obligues. La idea es que el hecho de ordenar se convierta en algo positivo y placentero.

3. Procura tener lo justo y necesario en casa. O al menos en las estancias en las que suele estar el bebé. Eso no quiere decir tener el ambiente pelado. Los niños necesitan cosas estimulantes a su disposición para poder investigar, experimentar y crear. Nos referimos a retirar todo aquello que veamos que no se usa, que no aporta… En todo caso, la sencillez del ambiente les ayudará cuando son más pequeños. No es lo mismo procesar 4 o 5 elementos del ambiente, que 15 o 20. Con el tiempo podemos ir añadiendo elementos, según veamos que necesita un mayor estímulo.

4. Deja que explore la casa. Para que tu bebé pueda realmente conocer su ambiente y reconocer el lugar de las cosas, es necesario que le dejes investigar. Para ello es fundamental que prepares las estancias en las que está el bebé de modo que no sea peligroso para él explorar. Quita de su alcance (y de su vista) objetos pequeños que pueda echarse a la boca, elementos tóxicos (productos de limpieza y demás siempre en estantes con suficiente altura), pon seguridad en los enchufes y cables, fija los muebles a la pared si es preciso, protege las puntas de los muebles, etc.

5. Procura tener espacios individualizados para colocar los objetos del bebé. Evita las cajas y cajones de gran tamaño donde todo se amontona y es complicadísimo encontrar algo. Mejor busca soluciones para que los objetos sean visibles y fácilmente ubicables.

6. Pon solo 4 o 5 juguetes a su disposición (al menos cuando son más pequeños, menores de 2 años). El resto de juguetes los puedes ir cambiando cada 3 o 4 días según observes su interés en ellos. Tener pocos juguetes a su disposición ayudará a que concentre su atención y a que sea más sencillo mantener ese orden y esa sencillez. También le será más fácil ubicar las cosas en el ambiente.

7. Enséñale el lugar de las cosas. Para esto no es necesario que tu bebé ya pueda andar. Si es capaz de prestar unos segundos de atención a lo que estás haciendo, puedes cogerlo en brazos y mostrarle como pones algún objeto en su lugar. Mientras, le puedes decir cómo se llama ese objeto, qué cualidades tiene, para qué sirve… Así estarás también estimulando el lenguaje.

8. Procura dejar todo siempre en el mismo lugar. Cuanta más constancia mantengamos en el ambiente, más sencillo le resultará ubicar las cosas en el espacio. No hay que ser muy estrictos, todos cambiamos cosas de lugar según la conveniencia. Pero si en general el orden es constante, mejor. En todo caso, te sorprenderá ver lo rápido que tu hija/o es capaz de procesar y memorizar esos cambios, sobre todo a partir de los dos años.

9. Utiliza alguna canción para el momento de ordenar. Si siempre cantas la misma canción, asociarán eso con el hecho de ordenar, y puede que ni siquiera tengas que pedírselo. Aquí te dejo el típico ejemplo de canción para guardar. De todos modos, puedes cantar la que quieras con tal de que sea siempre la misma.

10. Da las instrucciones de manera precisa, poniéndote a su altura y mirándole a los ojos. Cuando quieras que recojan algo no se lo pidas de cualquier manera. Agáchate y ponte a su altura, mírale a los ojos y dile con precisión “vamos a guardar el peluche en su sitio (nombra el sitio)”. Cuanto más corta y precisa sea la instrucción, mejor. Probablemente necesite que le acompañes. Puedes darle el peluche, cogerle de la mano y acompañarle al lugar donde va.

11. Recoge con él o ella y haz que sea un juego. Son pequeños y no tienen por qué hacerlo solos. Si además le pones una nota de alegría, juego o humor (puedes hacer como que uno de sus muñecos también está recogiendo, poner voces divertidas, decirles que los juguetes tienen sueño y quieren ir a dormir mientras haces sonidos de ronquidos, hacerles cosquillas cuando intenten escaparse para no recoger…) ellos lo asociarán con algo agradable.

12. No le regañes si no recoge o no deja algo bien. Tendrás que pedirles que guarden sus cosas miles y miles de veces a lo largo de su vida, así que ármate de paciencia. Gritar o regañar les perjudica a ellos y a ti mism@. Habla con firmeza, calidez y calma. Ayúdales tú a recoger cuando no quieran o no tengan ganas. Reconoce su esfuerzo cuando lo hagan, aunque no lo dejen perfecto o como a ti te gustaría.

13. Ten en cuenta su individualidad. Hay personas que por su forma de ser son más ordenadas y hay otras que les cuesta más. Yo por ejemplo tiendo a ser bastante ordenada. A mi hermano sin embargo le costaba un mundo eso de mantener el orden. Y nos educaron igual. Ten en cuenta esas diferencias y según crezcan no los agobies demasiado con el tema. Respeta “su propio orden” dentro de lo razonable.

¿Y esto funciona?

Con mi hija hemos aplicado todos estos consejos que hoy compartimos contigo. Tiene dos años y medio.

No os vamos a decir que lo tiene siempre todo ordenado, o que cada vez que usa algo luego lo deja en su sitio. Es una niña, y le gusta sacar muchas cosas, saltar entre ellas, o se distrae con otra cosa y se olvida del lío que ha montado (como es lógico).

Pero muchas veces sí recoge espontáneamente. Cuando le pedimos que nos traiga algo sabe dónde ir a buscarlo. Y cuando le pedimos que guarde algo, generalmente lo hace sin dramas (aunque a veces tengamos que insistirle). Siempre le damos las gracias, un beso, o le chocamos la mano. Y ella tan feliz.

Muchas veces no tiene ganas, pero si le ayudamos lo hace. Muchas veces ella sola empieza a cantar la canción de “A guardar” y recoge las cosas, como si fuera parte de un juego.

Cuando le decimos “antes de salir tenemos que guardar”, ella corre y lo hace todo con rapidez. No lo deja perfecto. A veces deja cosas donde no van, y amontona otras para ser más rápida. Yo sonrío y le doy las gracias por haber guardado.

Otras veces soy yo la que guarda las cosas. Hay que saber elegir los momentos. Es inútil pedirle a un niño que guarde (o cualquier otra cosa) cuando está frustrado, enfadado, cansado, tiene hambre o cualquier otra cosa por el estilo. Hay momentos y momentos.

No debemos olvidar que estamos criando y educando. El proceso y el camino es largo. El resultado es lo de menos. Lo importante es disfrutarlo y crear esos hábitos poco a poco, con cariño y paciencia.

¿Y tú? ¿Conoces otras estrategias para que tus hijos e hijas sean ordenados? ¿Te ha llamado la atención alguna de la que hemos compartido aquí? ¡¡Déjanos un comentario!!

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